Cada deportista tiene unas circunstancias deportivas específicas individuales, que determinan paralelamente unas necesidades también específicas. El ciclo entrenamiento-competición de su deporte, las exigencias de la categoría donde milita, circunstancias de su edad, las perspectivas de la carrera deportiva a largo plazo, el nivel de profesionalización y, por supuesto, la situación personal individual actual; son factores que condicionan la intervención del coach y las herramientas de coaching a utilizar.
En el deporte de competición el objetivo principal es la conquista de un determinado resultado deportivo. La preparación del deportista irá encaminada en optimizar al máximo su capacidad de rendimiento en búsqueda de ese objetivo concreto. El coach, además de ayudar a mejorar la preparación mental, puede contribuir a que el deportista establezca sus objetivos deportivos, analizando sus propias posibilidades.
Son como las cuatro patas de una mesa. Hacen del deportista un competidor completo:
-Entrenamiento Físico.
-Entrenamiento Técnico.
-Entrenamiento Táctico.

-Entrenamiento Mental. 
La aplicación de las técnicas y herramientas del Coaching en el deporte deben ir encaminadas a estudiar las habilidades y estrategias mentales que contribuyen a mejorar el rendimiento deportivo, centrándose en entrenar al deportista en el dominio y autoaplicación de tales habilidades.
En el momento decisivo de la competición se acentúa la importancia del autocontrol del deportista. Esta sensación de autocontrol debe trabajarse por parte del deportista en los mismos entrenamientos y en el análisis posterior a la competición sobre su propio autocontrol en esta. El deportista puede recibir ayuda para prepararse en este sentido, pero siempre teniendo en cuenta que los deportistas deben ser autosuficientes en el momento de competir.
Cualquier competición deportiva tiene un componente de estrés. Este factor estresante, en un primer momento puede que contribuya y favorezca a que el organismo del deportista se prepare y actué mejor física y mentalmente. Un exceso de este factor estresante, puede provocar efectos perjudiciales en el rendimiento. Un defecto de este factor estresante, denota cierta desmotivación del deportista.
La preparación mental para mejorar el rendimiento deportivo no se debe centrar solamente en el área competitiva. El trabajo sobre estado mental que influye en nuestras conductas deportivas, debe abarcar desde el propio entrenamiento deportivo, hasta las relaciones con el equipo, la propia vida profesional y personal… terminando en la propia competición deportiva.